En la víspera de la muerte, no importan
las etiquetas, las cuentas bancarias ni los ladrillos.
Sólo la imagen del sol acariciando tu cara,
tu sonrisa de niño inquieto e ilusionado,
tus argumentos espontáneos y prolíficos.
Si pudiera elegir un escenario para los minutos póstumos,
sería ese banco, esa tarde y tu abrazo.
Y flotar entre tus besos, arder y sentirme mujer
Y la libertad de actuar acorde a mi esencia,
Sin esconder mi identidad por el miedo,
los mandatos o el prejuicio ajeno.
Será irrelevante cuando me funda con el suelo,
si alguna vez cometí equivocaciones
o no cumplí expectativas,
si mis emociones son políticamente incorrectas.
En mis últimos instantes no sufro
cuentas pendientes y navego
hacia el Otro Lado abrigada en el recuerdo
de tu mirada enternecida y genuina,
que me sostiene hasta el final de mi camino.