Reflexión

La felicidad en su estado puro es un eco de la inconciencia. Los objetivos se suceden en una cadena esclavista. La identidad se concentra en una función. Etapas, mandatos, culpa. No hay perspectiva en la rutina. No somos dueños de las horas sino rehenes del consumismo. Necesitamos al despertar un nuevo motor, profundo o superfluo. Detenerse. Construir el yo, experimentar el goce, aislarse para sonreir y contemplar, restarle horas al compromiso, actuar como un ser libre.