Teletransportación pentagramada

Tus cálidas notas se funden en la luz 
de aquella tarde de verano
y en el rumor de los pájaros 
que a la despreocupada juventud evocan.
La quietud de este lago se asemeja a la de aquel
en el que nos sumergíamos en la inconciencia.
La ternura de tus acordes me aísla
de la ácida adultez y sus frustraciones.
Tu canción circular adquiere nuevos tonos
como la segunda lectura de un libro querido.
Y cuando tu alter ego aparezca en mi jardín
con guitarra en mano y una sonrisa liviana
conoceré los infinitos caminos y elegiré aquel
en cual los sueños duren más que una partitura.

Puentes oníricos

La verosimilitud del sueño se extiende
a los primeros segundos de la vigilia.
Una sensación infundada de bienestar
me abraza y me retiene.

Tu voz, que sólo allí es diáfana,
se desdibuja entre los ruidos de la ciudad.
La calma, ajena a los grises de la rutina,
fluye cual cosquilleo de un cuerpo adormecido.

En aquella juventud sonreíamos libres.
Entre infinitos universos alternos
existe uno en el que vos me soñas.

Y desde mi espejismo al tuyo transcurren
millones de partículas, y a la vez

un único paso en el mundo onírico.

Fluctuaciones

En los minutos previos al sueño,
en las horas ociosas,
en los escenarios oníricos,
se esconde, late, acecha.
Bajo la forma de la nostalgia
o del camino nunca atravesado,
se alimenta de la naturaleza humana
insatisfecha por su finitud.
Hoy no logra alcanzarme.
Me dejo llevar por el incesante río
que fluye, cambia, renace.
Cada día un nuevo rostro y una nueva voz.
No existen las conjeturas y el pasado.
Cada letra borra la anterior,
sin que ninguna de ellas te posea.
No hay esclavitud en la fluctuación.

Resistencia

En el estadio inmediato previo al olvido una idea repta sigilosa y se presenta ante mí, súbita, clamando un espacio desvanecido. Despojada de la carga emotiva, se resiste a la extinción, y con la poca fuerza de lo abstracto procura atraerme hacia la nostalgia. Y entonces recuerdo, sin sentir, lo vivido, que parece un sueño antiguo.

Reflexión

La felicidad en su estado puro es un eco de la inconciencia. Los objetivos se suceden en una cadena esclavista. La identidad se concentra en una función. Etapas, mandatos, culpa. No hay perspectiva en la rutina. No somos dueños de las horas sino rehenes del consumismo. Necesitamos al despertar un nuevo motor, profundo o superfluo. Detenerse. Construir el yo, experimentar el goce, aislarse para sonreir y contemplar, restarle horas al compromiso, actuar como un ser libre.

El narrador

Instrumento de su lápiz, la mirada invadida por proyecciones del mundo de las ideas; de rostro sereno y ojos antiguos, narrador de penas y desarraigos, inspirador de nuevos caminos… Habrá momentos en que una canción lo hunda en la nostalgia. Pero esta tarde él sonríe, por un trazo inesperado.



En la víspera de la muerte, no importan
las etiquetas, las cuentas bancarias ni los ladrillos.
Sólo la imagen del sol acariciando tu cara,
tu sonrisa de niño inquieto e ilusionado,

tus argumentos espontáneos y prolíficos.
Si pudiera elegir un escenario para los minutos póstumos,
sería ese banco, esa tarde y tu abrazo.
Y flotar entre tus besos, arder y sentirme mujer

Y la libertad de actuar acorde a mi esencia,
Sin esconder mi identidad por el miedo,
los mandatos o el prejuicio ajeno.
Será irrelevante cuando me funda con el suelo,

si alguna vez cometí equivocaciones
o no cumplí expectativas,
si mis emociones son políticamente incorrectas.
En mis últimos instantes no sufro

cuentas pendientes y navego
hacia el Otro Lado abrigada en el recuerdo
de tu mirada enternecida y genuina,
que me sostiene hasta el final de mi camino.

Contradicción humana

De la naturaleza humana
brotan tendencias opuestas:
El deseo de ser aceptados
Y la ambición de dominio.

A pesar de mis debilidades y contradicciones,
Y aunque no comprendas las razones
de mis ideas y acciones,
abrazame como un todo:
no soy arcilla entre tus manos.

Y esa felicidad más anhelada
De sentirme libre y querida
a veces se me olvida,
que es también necesidad tuya.

Es la inmadura soberbia
Que dueña de la verdad me imagina,
Medida de tus actos y sensaciones,
Adivina de tu pasado y tus intenciones.

Ese egocéntrico instinto mengua
Con cada espontánea entrega.
Cuando ninguno pretende el cetro,
es el fin de la lucha, genuino amor crece.

Rituales de cena

- En general ceno en cinco minutos.
- Pero ahora estás entretenida, escuchando lo que digo.
- Fanfarrón.

Me quedo dibujando círculos con el tenedor en la salsa. Me corres el pelo de la espalda.
- Tenes un lunar ahí.
- Tengo muchos.

Acercas despacio tu cubierto a mi plato y pierdo la concentración. Ahora te observo. Me miras como pidiendo permiso, elegís un camarón y lo sigo en su viaje a tu boca.

- Me das?

Deseos primarios

Letargo efímero de la búsqueda del otro lado.
Atrapada por lo concupiscible,liviana de dudas,
imprimí una matriz egocéntrica al sentido del hombre;
convirtiendo la introspección en un hurgar espiral.

Y entonces, tu sonrisa de luz y tus ojos genuinos,
despertaron el deseo primario de fundirme en la entrega.
Quiero perderme en el brillo de tus palabras, en tu sed
de laberintos, en tu noble abrazo, espada y escudo.

Tierna sensación la de ponerse en las manos de otro.

Lo real y lo ilusorio

Su amor fue intrascendente.
Pero la ruptura despertó la implosión
de prejuicios, de aserciones,
fundamentos de mis elecciones;
de la extrema racionalidad
que destruye el sentido común
y el espontáneo goce.

Me enseñó la profundidad del espejo,
las incontrolables miserias
y los espirales de falencias;
la hipocresía de reconstruir momentos
en otros rostros sin belleza;
y el sabor de lo real y lo ilusorio.

Aquellos días, hoy inverosímiles,
permanecen en mí sólo como
tiernos juegos del pasado.

El sabio

Señor del verbo, poeta velado,
de lo simple engendra la magia.
Su alegría infante
recupera mi esencia;
extraviada en su juego ignoro
otros lugares y otros tiempos.

Curioso desafío, tenerlo.
Exótico prisma es, el sabio.
Mas impetuoso mi amor
se aventura en este sueño:
Escrito en su nombre
Intuyo mi destino.

Crisálidas



El día del juicio encarnan
los últimos de la especie.
Electrizan el aire tus felinos ojos.
Tu voz, fluctuante violencia,
augura el origen de las crisálidas.

Subterráneas esencias
vencen anacrónicos muros.
Converge nuestra sangre.
Derrama… y fluye en las grietas
que engendran tus pasos.

En las horas póstumas,
ardiente plasma irriga
las venas de la Tierra.

Recuerdo pagano

Sólo la obstinación
perpetuaba la convicción
que defendía un vínculo sacro.

Muerta la sacerdotisa,
y vuelto anticristo el monje,
no subsiste más que
algún recuerdo pagano.

Cicatrices


Y para no olvidar, punza su costado
del cual manan sangre y lágrimas
que convierten las cenizas
en tierra fértil,
camino nuevo.

Al hombre

Mínima criatura, los grises
del alma exponen su miseria.
Esclavo del destino o de
una libertad infante,
se aventuró en los días
cual omnipotente sabio,
mas hoy despertó confuso
y su ego llora en mis brazos.

Lo sostengo. Porque sus lágrimas
drenan inmemoriales penas.
Porque exhumó mi risa y mi Luz.

Porque el amor nos engendra
sólidos y libres, nos sueña
Pares en el juego de la vida.

La Partícula de Luz

Verte,
y huir,
Para no encontrar en vos
La verdad de todas las verdades,
El espejo de los tiempos,
La tragedia del porvenir.

Huir para no develar grietas ni confesar pantallas,
Para no perder la sorpresa de lo inexorable,
La inocencia de creerme artífice.

Huir para no aceptar que soy prescindible,
Que no eclosioné mis potencias,
Que no me encontraré en un otro.

Huir

Anularte

Que la cotidianeidad te asfixie

Y solo entonces…
DESVANECERME EN LA QUIETUD DE LO MUNDANO

Reencarnación (Libre)

Lejos del aburrimiento existencial,
de la perturbaciòn y el caos,
busco el eje de mi cotidianeidad,
la conexiòn con un Dios no mìtico.


A pesar de las bifurcaciones
de la esencial duda,
y la carga de ser artìfice
de este tiempo breve...

Por amor a los trascendentales...



... CAMINO,

Sin mirar atrás.

El Hielo

Del ardiente mar emerge La Sinrostro.
Impulsándose con los brazos, libera el pecho,
el vientre,
y las piernas.
Su cuerpo vetusto repta sobre El Hielo.
Se cree a salvo, se recuesta y duerme.

No hay ecos en El Hielo. No hay sombras ni luces.
Perpendicular a su noboca fluye un veloz río de arena.
Las partículas explotan al tocar su piel,
pero La Sinrostro no despierta.

Entonces, una ex poetisa le dibuja los ojos
y las líneas de las palmas.
Sobre algún hielo, muere El Sinnombre.

La ex poetisa (quizá sea casualidad)
bosqueja una sonrisa para el nuevo rostro.
Y se hunde en el mar, apenas tibio.

Confusión

Despojarme de la piel y encontrarla,
en las calles, en el espejo, en los sueños.
Se encarna infinitamente en otro ropaje,
y quizá, otros huesos.

Juega a ignorar que me apropio
de su respiración y sus huellas.
Camina sin prisa, nada teme.

En el instante en que creo alcanzarla
(su ritmo se ajusta al mío o el mío al suyo)
Ella, mi alter ego, se dirige a hacia mí,
y me traspasa…

… Sé que ahora me sigue,
pero no puedo girar a comprobarlo,
porque mi caminar es lento y nuevo…
Otro el ropaje, otros los huesos.